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Extrañando el futuro

Sueño que abro los ojos y no consigo ver nada, todo a mi alrededor se cubre de tinieblas ( seguro que S. Freud ya estaría tomando notas), tropiezo, y una tenue y cándida voz me susurra, ¿hacia dónde vas?. Despierto asombrado ante un océano inmenso de color blanco. La voz ya no está. En su lugar , un impoluto blanco se ha adueñado de todo lo que me rodea.Recorro un mundo no creado, nada existe, todo por empezar , todo por crear. De nuevo, despierto.Soñando que soñaba. Extrañando el futuro, la promesa implicita de un mundo mejor.Observo las cenizas de tabaco que encumbran la montaña de libros que esperan a ser leidos encima de la mesa del escritorio, las manchas de las estaterias de color ¿blanco?, empiezan a mutar, escogiendo extrañas formas y expresándose en un idoma ininteligible parecen dirigirse a mí.Y de pronto ,recuerdo. Me toca limpiar la habitación del ordenador. ¡Coño, a currar!.
Las Coliflores
A veces solemos pensar en nuestro día a día y en las cosas que nos han llevado a esta realidad cotidiana y presente. En esas ocasiones, la mayoría de la gente tiende a pensar, cosas como: “Aquella vez que tuve la oportunidad, debí estudiar Derecho, o casarme con Laura, o aceptar aquel trabajo… Y me hubiera ido mucho mejor, y ahora sería un abogado de éxito, o no estaría tan solo, o no estaría en la ruina…”
Creo además, que en estos tiempos de crisis, es un pensamiento bastante recurrente, sobre todo en lo que a ahorrar concierne… Todos tendemos a pensar que si no hubiésemos comprado la Playstation, o el piso en la playa, ahora no estaríamos cenando chopped. Sin embargo, si hablamos por ejemplo con un argentino, este nos dirá que hasta el año 2001, estuvo ahorrando hasta el último peso de su salario para tener un colchón en caso de crisis. Y lo que pasó con el corralito es que sus pesos ahorrados resultaron no valer nada, así que el pobre argentino de lo que se lamenta es de haber ahorrado en lugar de gastar y disfrutar mientras pudo.
Tal vez deberíamos apartar esos pensamientos de nuestra cabeza, pues considero que solo consiguen entristecernos. Y eso ayuda poco en tiempos de crisis, cuando nuestra salvación depende únicamente de nosotros mismos, y es importante mantener la moral alta, pues ese es nuestro único seguro de vida: nuestra mente es lo suficientemente fuerte como para protegernos de los malos recuerdos, dicen que es selectiva y va aislando los malos momentos para preservarnos de la locura. Del mismo modo, si somos fuertes y dejamos de pensar en “me hubiera ido mejor si…”, y empezamos a pensar en “me va ir mejor si…”, saldremos adelante. Si queremos un futuro mejor, hay que pensar en futuro, ya sea indicativo o en modo perifrástico. La única forma de vencer y seguir adelante, es pues, plantearse que hay que seguir adelante, porque si seguimos pensando en pasado corremos el riesgo de quedarnos anquilosados precisamente en el pasado. En cambio, si nos empeñamos en pensar en el futuro, lo más probable es que consigamos esos objetivos que tan distantes parecen en el tiempo. En resumen, los tiempos verbales pueden jugarnos la mala pasada de dejarnos atrapados en el pasado si tendemos a pensar en pretérito o en condicional.
Una vez soltada la perorata lingüística y psicológica, (que de moda está eso de la psico-lingüística o como lo llamen), me adentraré en otro terreno, en el que me ha traído aquí: las coliflores. En cierta ocasión leí en un libro realmente inteligente, escrito por Jostein Gaarder, la siguiente afirmación: “El destino es como una coliflor que crece por igual en todas las direcciones”. La novela en cuestión se titula El Misterio del Solitario, y parece en principio una novela dirigida a un público infantil o juvenil. Pero yo lo leí siendo ya universitaria, y creo que ese libro deberían leerlo gente de todas las edades. La historia que plantea este gran profesor de Filosofía, es la de un niño que recorre Europa en coche con su padre, en busca de una madre que los abandonó y ejerce de modelo en Grecia. Durante el viaje, el niño realiza un viaje al pasado de su familia más remota sin comerlo ni beberlo, gracias a un libro diminuto, escondido en un bollo de pan que le regala un misterioso panadero.
No quiero desvelar más datos de lo necesario, pues recomiendo ampliamente la lectura de este maravilloso libro. Sólo añadiré que en la historia del libro oculto en el panecillo se narran la historia de un pueblecillo habitado por una baraja de naipes personificados, que jugaban todos los años a repetir unas oraciones que parecían carecer de todo sentido. El comodín de la baraja, era el único que no tenía oración asignada, pero como era comodín, o sea distinto a todos los naipes, el hombrecillo se había dedicado a descifrar todas las oraciones. Se da cuenta de que si las ponía en un orden determinado, podía hilar una historia, que enlazaba el naufragio de un marinero en 1842 con la historia del muchacho que en el presente buscaba a su madre.
Volviendo a las coliflores, lo de “el destino es como una coliflor que crece por igual en todas las direcciones”, era una de las oraciones que se asignaban a uno de los naipes. Y es lógico preguntarse, que tiene que ver una coliflor con el destino. Observemos una coliflor:

Botánicamente, una coliflor se define como el resultado de una inflorescencia, es decir, que no florece, no se la deja crecer y echar flores porque esta inflorescencia está destinada al consumo humano. A fin de proteger su color blanco incluso se fuerza el crecimiento de sus hojas para ocultar el cogollo central, de modo que si no es irradiada por el sol, el cogollo no produce clorofila y no se verdea. Sin embargo, en otras regiones si que dejan que el cogollo tome rayos del sol y adquiere un bonito color verde o incluso morado, dependiendo del clima. Lo que si es común en todas las regiones es que no dejan florecer al cogollo, así que el tronco central se divide en varias ramificaciones que, a su vez, se subdividen en más ramitas y todas y cada una de ellas finalizan en cogollitos, similares a la flor que nunca llegarán a ser. Si se lo permitieran, las coliflores tendrían este aspecto:

Bueno, toda una lección en botánica. Pero en fin, con todo esto solo pretendo demostrar que la coliflor, al igual que el destino, crece por igual, como afirma Gaarder, en todas direcciones. Pensadlo bien. El tronco central se divide en muchas ramitas que crecen de forma, más o menos anárquica, y sin embargo, terminan formando cogollos iguales, como pequeños arbolitos, florezcan o no. Observemos la coliflor de la primera foto: no está florecida; hay un pequeño troncho cortado aparte y podemos ver como su tronco se divide y subdivide en tronquitos blancos, con terminaciones bulbosas que son todas iguales las unas a las otras, aunque por debajo, los tronquitos no sigan la misma dirección. Es decir: el tronco central de la coliflor expande sus decisiones en distintos tronquitos que crecen de modo anárquico, pero al final todos los tronquitos terminan de la misma forma. Gaarder tiene razón cuando afirma que el destino, como las coliflores, crece igual en todas las direcciones; y yo, yendo un poco más lejos aún, me atrevo a afirmar que cada ser humano es una coliflor: y decida lo que decida, su futuro será igual. En otras palabras: cada hombre o mujer es el tronco central de una coliflor. Luego este tronco decide: “Voy a crecer hacia el norte… No, mejor hacia el este… Y luego hacia el suroeste… “ De ese modo, el tronco se va ramificando según va tomando decisiones. Pero las decisiones, por muy distintas que sean unas de otras, conducen al tronco a la misma inflorescencia o a la misma floración. En ambas fotos podemos ver que las ramitas de la coliflor son todas iguales en sus terminaciones. Del mismo modo, el hombre o mujer, toma decisiones a lo largo de su vida, pero el destino es para todos igual: está ahí y no se puede cambiar. Él hombre que piensa: “Debí casarme con Laura y ahora no estaría sólo”, también podría estar pensando: “Con el carácter que tenemos Laura y yo, no debimos casarnos. Ella me dejó y ahora estoy solo”. ¿Quiere decir esto qué debemos conformarnos con lo que nos toque? ¿Qué hagamos lo que hagamos estamos realmente jodidos? No. No me gusta del todo esa concepción calvinista que asegura que el destino está fijado por Dios y es inmutable. El destino no lo fija Dios: lo fija el tronco de la coliflor, y por tanto lo fija el ser humano. Como he dicho antes, hay que pensar en futuro, que no es ni más ni menos lo que hace la coliflor: “Voy a crecer hacia el norte, luego creceré hacia el sur…”. Y en ningún caso podemos pensar “debí crecer hacia el norte…” o “si crezco hacia el norte da lo mismo que si crezco hacia el sur”. Eliminemos pues los pretéritos y los condicionales. Cambiémoslos por futuros de indicativo o futuros perifrásticos. Sólo así, la coliflor y el ser humano se librarán de las hojas que lo atenazan y labrarán ese futuro que es igual en todas las direcciones. Porque sí: el destino crece igual en todas las direcciones. Pero no por ello deja de ser maravilloso y no por ello dejaremos de disfrutarlo. Y si piensan lo contrario, observen estás fotos de coliflores. Sé que mucha gente odia las coliflores por su sabor, olor o por los gases que provocan. Pero nadie me negará que las coliflores no sean realmente bonitas:


Puede que el cultivador, (o cultivadora, no se nos vaya a enfadar la ministra Aído), determine la forma o el color de la coliflor, pero es la coliflor la que crece, la que se ramifica y la que termina dando lugar a esas formas tan bellas. De igual modo, aunque es posible que haya un ente, (Dios o el Demiurgo o la Madre Naturaleza), que fuerce al ser humano a tener un destino similar, siga el camino que siga, es el ser humano quien sigue el camino, y quien determina tener un destino, y ese destino es hermoso. ¿Qué pasa, en cambio, si la coliflor decide no crecer, si se deprime y no quiere continuar su camino fuera de las hojas? La humedad la quema y la destruye: Así que mi consejo para superar la crisis, (que pasa igual que con la psico-lingüística, está de moda también dar consejos para superar la crisis), es no dejarse pudrir, no quemarse, no encerrarse en las hojas como la coliflor y quedarse atrapado en el pasado por no querer seguir. Debemos seguir con nuestras decisiones, (sean las que sean) y conseguir, que nuestro destino florezca, porque será similar a lo que esté planificado, pero aún así, será hermoso:

Gracias por soportar mi artículo hasta final y un fuerte abrazo para todos. Sólo quiero añadir la lista de páginas web y blogs de los que he sacado las fotos, no me vayan a acusar de plagio ahora. La lista se corresponde con el orden de aparición de las fotos y algunas se repiten porque he sacado más de una foto de la página en cuestión:
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www.iesdiegodepraves.centros.educa.jcyl.es/sitio/...
www.serida.org/publicacionesdetalle.php?id=14...
hablandodesdeaqui.blogspot.com/2007_10_01_arc...
floppysoftware.blogspot.com/2009/02/coliflore...
www.serida.org/publicacionesdetalle.php?id=14...
http://www.carlwarner.com/
La ignorancia de la sinrazón

Inmerso en mis estudios en la red de redes, me encontré con una pandilla de energúmenos ignorantes nacionalsocialistas (“nazis”) que reclaman la libertad de expresión para llegar al poder político y acto seguido acabar con dicha libertad (curioso método).
Horrorizado por la espiral de violencia, xenofobia, homofobia y apología de la caza al inmigrante, se me plantean dudas serias sobre la supuesta legalidad de estos terroristas de la razón.
Por lo cual os planteo una cuestión, ¿ se tendría que ilegalizar las paginas webs y blogs de estos personajes(llenas de contenidos racistas, y demás barbaridades) ?, ¿Qué hace la policía contra estos contenidos claramente delictivos?.
Os dejo el link del horror y la destrucción: http://www.nuevorden.net/i.html






